¿Somos modernillos por comer con palillos?

Comer con palillos suele ser para los occidentales que lo hacen algo típico y anecdótico, como ponerse una camisa hawaiana para salir de fiesta o comer palomitas en el cine. Los restaurantes asiáticos están muy de moda en Occidente, así que comer con palillos también lo está. Mucha gente que aprende a comer con palillos (o que al menos se defiende con ellos) lo hace por estar a la moda. También hay quien lo hace por “supervivencia”: por ejemplo, queda con su grupo de taichí, de kung fu o de caligrafía japonesa, y no quiere quedar como un torpe, como un impostor (¿Y tú decías que te encantaba la cultura japonesa?), o simplemente no quiere quedarse con hambre, si es que comer con tenedor o con la mano no se considera una opción digna en su grupo.

Cuando algo propio de un lugar, que forma parte de su cultura, de sus costumbres (una forma de vestir, una comida, una herramienta…) se importa a otro lugar, lo que llega al lugar de destino es otra cosa. Se reinterpreta y se adapta a las nuevas circunstancias. Así que aquí puede que seamos modernillos comiendo con palillos, ¿pero cómo cambiarían nuestra vida los palillos (y nuestra perspectiva sobre ellos) si viviéramos en un país donde se usan a diario, como Corea, Japón, China, o algún otro país del Lejano Oriente? ¿Qué parte se han quedado las aduanas de nuestra costumbre importada de “comer con palillos”?

Los palillos más antiguos encontrados datan del 5000 a.C. y se descubrieron en China. Probablemente, en esa época se usaban ya en la cocina y en la mesa, como en la actualidad. Pero no hay pruebas suficientes de que esas fueran sus funciones y no sirvieran exclusivamente para cocinar o para hacerse peinados. No es hasta la dinastía Shang (c. 1600-1046 a. C.) que los arqueólogos tienen evidencia clara de su uso para comer: los palillos datados en este periodo se encuentran en pares junto a cucharas y cazos, o bien, en los enterramientos, a la altura de las manos (no de la cabeza, como los palillos de peinados).

El uso de los palillos en la cocina es una de las costumbres que no hemos importado a Occidente. Los palillos no solo sirven para transportar los alimentos del plato o del bol a la boca: también son útiles para mezclarlos, escurrirlos, cogerlos, separarlos. La comida se cocina con fuego, así que no es posible manipularla directamente con los dedos. Por eso los palillos se popularizaron en China también para comer: en la cultura china hay desde sus orígenes una especial predilección por la comida caliente, por los guisos, sobre todo en el norte del país, y por cocinar los alimentos hervidos y al vapor.

Las culturas humanas pueden dividirse en tres grupos dependiendo de qué utensilio utilicen preferentemente para comer: los palillos, el tenedor, o los dedos. Las culturas que usan sobre todo los dedos no comen por lo general alimentos muy calientes. Las normas de cortesía para comer de esas culturas son, por cierto, mucho más complejas que las de las culturas de tenedor o de palillos. De hecho, en Europa comer con los dedos era lo más normal hasta el siglo XIX, cuando el cuchillo y el tenedor se hicieron populares entre la mayoría de la población. En la Antigua Roma el tenedor había sido un instrumento de cocina y no fue hasta el siglo XI que se introdujo en la corte como utensilio para comer la pasta hecha de trigo.
En cualquier caso, que en una cultura se usen sobre todo los palillos, el tenedor o los dedos no significa que no se utilicen los otros métodos con ciertos alimentos (pensemos en nuestros bocadillos o aperitivos, por ejemplo). Las tres maneras de comer pueden combinarse en una misma cultura. Además, palillos, tenedor y dedos conviven con la cuchara, el más antiguo de los instrumentos (después de los dedos, que vienen de serie), y en algunos casos también comparten la mesa con el cuchillo.

En la cultura china la cuchara también es más antigua que los palillos. En principio, esta se usaba para comer cereales, como el mijo o el arroz, cuando estos eran los alimentos fundamentales de la dieta, mientras que los palillos eran secundarios y se reservaban para los demás tipos de alimento (verduras, carne, setas, pescado). Lo mismo que en Europa, la integración del trigo en la dieta china (en el siglo III a.C., en la dinastía Han) marcó un antes y un después en la “guerra de los cubiertos”. Los palillos comenzaron a usarse más, para comer los nuevos platos que se hacían con trigo: fideos, empanadillas, panqueques o bollitos. La moda de tomar dim sum con el té también ayudó a que los palillos ganaran la guerra a la cuchara, que finalmente quedó relegada a su función de transportar la sopa.

¿Y qué hay del cuchillo? Nosotros solemos tener un cuchillo en la mesa. Lo aplicamos al alimento, unas veces buscando las junturas con el hueso o la espina y separando la carne de ellos, y otras veces, sin buscar juntura alguna, cortando directamente, mutilando el filete o la verdura. Hay quienes, como Roland Barthes, han considerado este uso del cuchillo (y del tenedor, que sujeta el alimento para que no pueda escaparse) como propio de culturas “depredadoras”. Frente a ellas, estarían culturas como la china, que respetan más la armonía de las cosas (el budismo tiene en este caso mucho que ver), y que han hecho por ello a lo largo de su historia un uso del cuchillo muy distinto. El cuchillo se queda en la cocina. Los alimentos se cortan en trocitos, de manera que ya no hace falta en la mesa. Con los palillos se coge el alimento y se lleva a la boca. No hay tanta violencia.
Como hemos visto, que se usen los palillos para comer influye decisivamente en la manera de cocinar los alimentos, ¿o es la manera de cocinarlos lo que ha favorecido que se hicieran populares? Las dos cosas. Las normas de cortesía en la mesa también están determinadas por el utensilio que se usa para comer. De hecho, los palillos no están fabricados siempre con el mismo material, ni tienen exactamente la misma forma o longitud: por eso algunas normas de cortesía varían de un lugar a otro. Algunas de las normas son comunes y fáciles de recordar:

– No rebuscar en la comida: los palillos no funcionan como una caña de pescar.
– No pinchar la comida: no son como nuestros palillos del aperitivo.
– No chuparlos.
– Evitar que la comida caiga a la mesa en el viaje del plato o bol a la boca.
– No señalar a los otros con los palillos (tampoco señalarlos con el dedo).
– Y lo que es más importante, no ofrecer el plato a los muertos: no clavar los palillos en el cuenco de comida, como en el rito funerario budista. Es tabú.

Más de un billón y medio de personas come con palillos a diario. Sus antepasados, desde hace siglos, también lo han hecho. En el folklore asiático los palillos aparecen frecuentemente en las historias de amor. Un palillo no es nada sin el otro. Por eso también son un regalo típico de bodas y entre enamorados. Aquí, en cambio, unos palillos difícilmente triunfarían como regalo de San Valentín.
Asomarse a las costumbres y las tradiciones de otros pueblos puede hacernos desear ser menos como somos y más como son ellos. También puede ayudar a que nos asombremos de lo propio y a que reconozcamos lo común con esos otros en apariencia tan distintos.

Difícilmente vamos a volvernos chinos por más que usemos los palillos o adoptemos religiosamente otras de sus costumbres. Pero probar a usar los palillos no va a hacernos ningún mal. Puede que comamos más despacio y que saboreemos más la comida, y eso por sí solo ya será una razón valiosa para adoptar, aunque sea de manera incompleta, impura, esa costumbre importada. O puede que evite que de mayores tengamos artrosis en una de las manos. O puede que, simplemente, nos haga pasar un buen rato con nuestros amigos, o que nuestro kung fu aflore cuando cacemos con ellos las moscas que sobrevuelan al perro que duerme la siesta.

Lorena Núñez Pinero

Fuente principal: Wang, Edward Q. (2015), Chopsticks: a cultural and culinary history. Cambridge University Press.



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